Que duro es ser feminsta…

Desde el humor hoy abordo la, ardua y cansada, tarea de estar al día con toda la agenda feminista.

Voy a dar algunos ejemplos de esas “cosas feministas” que según te levantas por la mañana comienzan a pesar, requieren atención y a la vez, a veces y solo a veces, suponen un maravilloso alivio, donde apoyarte para poner límites y sentirte en red.

La primera de estas “cosas feministas” que requieren de mi atención diaria es el cuestionamiento sobre los cuidados y la economía feminista, afectando por tanto a la corresponsabilidad, a mi relación de pareja y a nuestra crianza, ya que en nuestro caso sI hay criaturas, lo cual tensa más el asunto y sobrecarga aun más.

Aquí voy con el segundo punto a atender, para ser una “buena feminista”.

Mis amigas me cuidan” y aquí comienza una mezcla de lo emocional y lo racional. Un baile entre dar y recibir. Y un cuestionamiento también sobre cuánto exigimos a nuestros vínculos y cuánto estamos dispuestas, a veces, a dejarnos el pellejo, casi hasta desdibujarnos por cuidar, por estar ahí siempre que nos necesitan.

Otro de los puntos claves, el tercero, en este orden aleatorio, es la propia agenda política, ya que “lo personal es político” pero por supuesto lo político necesitamos digerirlo y pasarlo por el filtro personal para aplicarlo en el día a día.

Como ocurre con todas esas necesarias reivindicaciones y situaciones a denunciar, tales como: los techos de cristal y la diferencia salarial, la necesidad de espacios de lactancia en los trabajos, la ampliación de bajas por maternidad, la dignidad para las trabajadoras del hogar. La ausencia de referentes en profesiones como las ciencias o de discurso en las maternidades feministas, más allá de las estructuras patriarcales donde colocan la maternidad en la sumisión del hogar, por nombrar algunos de los ejemplos.

Y es ahí cuando el iceberg de las violencias nos obliga e impone, por amor y dignidad, hacerlo visible cada día: las asesinadas, las abusadas/violadas, las maltratadas, las manipuladas, las humilladas… alzar la voz para parar un desahucio, un genocidio, para denunciar el abuso infantil, la violencia vicaria…

Y podría escribir páginas y páginas llenas de estas necesidades que las mujeres no olvidamos en el día y a día y llevamos en nuestras cabezas y corazones de manera cotidiana, pero si por algún casual, una tiene un día más liviano y tranquilo, es bastante probable que un señoro en la calle te lo recuerde, que un tipejo en el metro acose a una niña, que en las noticias… y así volvemos a cargar con el peso de la mirada feminista y el anhelo y esfuerzo de un mundo digno, justo y equitativo.

 

Anecdóticamente os cuento que en MARA elegimos con mimo y conciencia los días conmemorativos que queremos transmitir en redes sociales. Y lo hacemos, con este cuidado, por dos razones, obviamente la primera tiene que ver con la reivindicación en sí misma: a través del contenido. Denunciando o poniendo el foco en aquellas carencias que nos parecen injustas y necesarias de nombrar. O incluso para crear nuevos referentes o para hablar de violencias, como puede ser un continuado y silenciado genocidio en Gaza.

Pero también pensamos en un contenido que habla de nosotras como centro feminista aplicado a la terapia. Trabajamos con mucha reflexión y mucho amor aquello que constituye nuestro ideario y nuestros valores. Haciendo del espacio un continuo de reflexión y crecimiento feminista.

Asi que este sería un cuarto ejemplo, de los duro que es ser feminista día a día y de la carga mental que conlleva.

Pero estas mismas reflexiones y crecimiento feminista ocupan otros muchos lugares, los políticos, por supuesto, este es su trabajo en si mismo. Y además, de nuevo, los lugares personales y laborales, porque entre amigas podemos plantearnos estos espacios de reflexión y encuentro, con la idea de una conciliación entre feminismos, de un diálogo: “¿abolicionistas y/o son las putas las que deben llevar la voz y nosotras secundar sus pasos? O el diálogo entre feminismos y transfeminismos.

Demostrando de esta manera, que nuestros espacios ociosos también tienen una carga, una profundidad, más allá de que intentemos llenarlo de alegría por sentirnos juntas y de que mantengamos “si no se baila, no es mi revolución”! Ojo! Que no siempre tenemos ganas de bailar, que a veces necesitamos ser un mueble y dejarnos de tanta proacción.

Otro ejemplo, el sexto en este caso, tiene que ver con poner conciencia en cerrar la boca con respecto a nuestros privilegios: blanca, europea, heteronormativa, con vivienda, con trabajo elegido… para darle voz a los lugares periféricos, donde se vive acallada. Para aprender de sus propias voces como les atraviesa una amplia matriz de violencias.

Ya sabemos que las violencias no vienen solas y que hay ejes que agudizan el no ser vistas, el ser maltratadas… agudizan el dolor y la discriminación social: la raza, la clase, la orientación sexual, el lugar donde naciste, el poder económico, ser o no gorda (por tanto poder ser leída y mirada a través de los cánones sociales o no)… Y trabajarse en nosotras mismas esta conciencia, estos roles y estos privilegios.

 

Como veis, levantarse por la mañana y ser feminista no es precisamente sencillo, lo digo con tono humorístico, pero a la vez denunciando desde la ironía el esfuerzo y el compromiso con la causa, con la mirada respetuosa, con el deseo de otro mundo, de otras formas de relación…

Y son muchos otros ejemplos los que podría poner. Es más, estoy segura de que a cada una de vosotras, según me estáis leyendo, os parecerán muchos otros: la relación entre las mujeres, mirarnos desde la sororidad y nos desde la envidia o la competencia patriarcal, como ocupar los lugares de poder desde una perspectiva no machista y capitalista, como relacionarnos con nuestras madres sin que sean las culpables de todo y seguir perpetuando la ausencia de los padres hasta para no reprocharles…

 

A mi, como me parecería poco peso (vuelvo a usar la ironía, por si no se nota el matiz), desde hace un par de años, también le añado una nueva reflexión a mi conciencia feminista, que tiene que ver con el modelo que le doy a mi hijo.

Es alucinante como es super bien recibido a nivel social (a sus 20 meses él lo tiene clarísimo!!) Se relaciona por el mundo con su cara bonita (estrategias ya de manipulación) y viene con lo que quiere, conseguido del resto de humanos.

Y yo observo como otros niños o niñas con ciertas diversidades, bien funcionales o bien más intelectuales no tienen por supuesto ni esas miradas, ni esa atención y aún menos el objeto que deseaban.

Incluso, como las niñas se mueven mucho más comedidas y replegadas.
Así que me cuestiono de manera consciente como acompañar a mi hijo en una crianza feminista.

Tuve un momento de frustración, en el embarazo, cuando me dijeron que era varón, porque me resultaba mucho más fácil educar a una mujer dentro del feminismo. Ojo! Ahora soy consciente de que no estaba preparada para hacerlo sin este peso del que me quejo en este artículo y al que pretendo ponerle foco y atención. A la pobre mía le habrían caído sobre sus hombros, aunque yo no lo nombrara, el peso de lo que lleva su madre en los suyos propios, por mucha conciencia que le ponga, nunca puedes dejar de revisarte para que inconsciente o conscientemente, no cargues a tus criaturas con tu propia forma de ver el mundo.

El caso es que a una hija se como decirle que no de besos si no quiere, como darle juguetes neutros, como apoyar la movilidad, la actividad física y la potencia corporal, como darle voz y dejarla que la saque, como ayudarle a quitarse el peso de los cuidados, a poner límites… básicamente a empoderarse y a ocupar espacios públicos.

Pero siendo un niño estoy aprendiendo a como acompañarle hacía la media, a no destacar, a escuchar, a no ocupar tanto espacio. Conjugando lo necesario del narcisismo primario, para su estructura sana como persona, y la humildad para su estructura sana como “posible varón”.

A mi hijo le motivo a sacar su voz y su deseo (que lo tiene super claro) además de a ser tranquilo y reflexivo. A ser cuidador.

Todas las noches dormimos a Peigo, que es su muñeco sin género y negro (regalo de mi amiga Lucía, que lo tuvo su hijo de peque). Le dormimos con amor, besos y canciones. Y le cambiamos el pañal.

Trabajo con él en amasar una parte más innata que tiene que ver con la cualidad de ser bruto. Y eso que toda mi vida me he negado a creer que esto no fuera algo que se adquiere a nivel ambiental y educacional. Y tengo que confesarme equivocada, ya que negué la fuerza del componente innato frente al adquirido.

Dentro de la corresponsabilidad en la crianza, considero muy importante una terapia familiar, para que se trabajen los roles dentro del equipo de crianza, que va más allá de la pareja en sí. De tal manera que puedan equilibrarse, flexibilizarse y romper estereotipos.

Soy una madre presente y cuidadora y me encanta que mi hijo pueda tener este modelo pero creo imprescindible que también me vea independiente, amando mi trabajo y pudiendo gozar de mi tiempo libre. Las madres también tienen deseos y necesidades propias y creo que esta es una asignatura a reforzar en las madres, al menos en mi misma. Ya que este sistema capitalista y patriarcal hace de la maternidad un lugar de casi imposible conciliación, así que me veo limitada en mis días a criar y trabajar, metiendo los codos para recuperarme huecos y espacios de mi misma.

Y por otro lado, creo que la gran asignatura pendiente de los hombres y más específicamente de los padres, es dar ejemplo de su gestión emocional y del mundo de los cuidados.

Que no sean las madres las que sostienen todo, para que también tengan como referente el cuidado emocional de los padres hacía las criaturas mismas pero también hacía las parejas, amistades, en lo laboral…

Hombres! Aquí un buen reto! Resaltando la necesidad de terapia personal para profundizar en sí mismos y saber autodirigirse y de la terapia familiar para que equilibre roles y modelos.

Finalmente, no quisiera dejar de nombrar dos ejemplos más de lo que “una buena feminista” debe tener en cuenta a nivel relacional y de autoconocimiento.

El octavo ejemplo tiene que ver con ponerle conciencia dentro de nuestras relaciones de pareja: ¿que se le dice desde el feminismo? ¿cómo me saco de los genes el amor romántico? ¿cómo pongo límites sin ser violenta (modelo masculino)? ¿cómo defino espacios sin confluencia y desde la interdependencia?

¿Cómo puedo hacer para tener tiempo para mi, para mi pareja, para la familia, para las amigas, para mi trabajo, para mi ocio, para “tocarme el coño un rato” y descansar?

Con esta ultima pregunta resalto el lado loco de ser feminista, el de querer ser coherentes todo el rato, conscientes, hacerlo muy bien… En fin, que desde estos modelos rígidos nos hacemos mucho daño y el mundo nos pesa mucho.

Para mi es costoso soltarlo, pero cada día soy más amorosa conmigo misma y con las mujeres que me rodean, porque se lo que llevamos encima. Quizá esta flexibilidad y este amorcito es el que mejor acompañe a la conciencia.

En mi caso, el hecho de no dormir y de ser madre lactante me ha hecho olvidarme de más cosas, y a pesar mio, he ganado en salud, ya que no hay peor neurosis que la de no querer ser neurótica ni peor feminista que aquella que intenta llevar a rajatabla el “decálogo de la perfecta feminista”.

Lo que si que mantengo, de manera rigurosa, consciente y amorosa, es mi perspectiva feminista dentro de la terapia, que sería este noveno y ultimo ejemplo, de lo costoso y pesado que puede llegar a ser encarnar el feminismo.

Sin embargo, es con esta libertad y en este caso que puedo discriminar cuando sostenerlo y cuando liberarme y aflojar.

En terapia considero importante acompañar a las mujeres, ya no solo a empoderarse, sino a liberarse de todos los “tengo que”, “los debería”… de todo lo que sostenemos desde el machismo pero también desde el feminismo. Aceptarnos más egoístas, más gozosas, más libres… Y escucharnos más a nosotras mismas y menos a todas las demás personas que nos rodean y de quienes cuidamos.

Y a ellos, a los hombres, acompañarles a que recojan, a que flexibilicen, a que se vulneren y se muestren desde ahí. A que escuchen a las mujeres que les rodean: madres, parejas, hijas, compas de trabajo, hermanas, amigas… lo que ellas viven y puedan responsabilizarse del daño, del daño que genera perpetuar el modelo patriarcal. Y desde esa responsabilidad soltar privilegios, no estar defensivos: por tanto trabajar la escucha, irse a modelos donde los cuidados estén en el centro y responsabilizarse del cuidado emocional hacía ellos y hacía su entorno.

Como os decía… que duro es ser feminista y no despistarse. Y que gusto es ser humana y reencontrarse cuando una se ha perdido.

Porque una de las cosas más sanas, para nosotras como mujeres, desde la mirada terapéutica, es aceptarnos incompletas, como dirían las psicoanalistas: “sin la necesidad de llenar la falta”

Por todas aquellas que estamos en el camino de soltar exigencias, de ser más libres y genuinas a la vez que despiertas, vulnerables y conscientes. Por todos esos granos de arena… para que descansemos un rato en nuestras playas feministas, en nuestro oasis de cuidados.

 

Autora: Lorena Polo Martín

Facebook
Instagram
LinkedIn
YouTube