ATARDECER

LA MATERNIDAD ES POLÍTICA:
¿Maternidades y/o feminismos?

Mostrarse vulnerable es un acto heroico

Estoy cansada. Estas dos palabras definen la maternidad y mi momento más presente. Y en una sociedad neoliberal y capitalista el descanso es un acto revolucionario pero en la maternidad es casi un milagro.Hablamos de burnout maternal sin embargo no es la crianza lo que agota, es el contexto, debido a la ausencia de conciliación y a la desigual carga de cuidados entre géneros. Llevando a las figuras maternas a sufrir agotamiento físico y emocional. En 1989 Denis M. Pelsma aplicó la teoría del burnout a la crianza.

El problema no es la maternidad, que es obvio que conlleva dedicación, voluntad, trabajo y amor. El problema es que esta sociedad patriarcal y su sistema socioeconómico neoliberal le da la espalda a la crianza y a los cuidados.Nos niega como seres interdependientes y vulnerables. Nos desea como adultos aislados, individuales y productivos, dejando dentro del hogar la vulnerabilidad, las emociones y las necesidades. Y mostrarse vulnerable hoy en día se convierte en un acto heroico. Dejando secas y superfluas las relaciones, donde interesa el escaparate de redes sociales del “falso bienestar y el buen rollo” como imagen de salud y de vínculo. Y atrapando en la trastienda hogareña el dolor, la necesidad y la vulnerabilidad. Dejando a las mujeres desnutridas y absorbidas porque son las únicas a quien se les permite -desde la exigencia- la gestión emocional. Pero ojo! que no salga fuera, que no se vea, que no incomode y sobre todo que no reste productividad.Así que en terapia nos encontramos adultos avergonzados por sentir. O cadáveres capitalistas de cuerpos desconectados. Gente cansada, explotada, que llena sus RRSS de fotos sonrientes, de consumo de viajes organizados, cócteles de empresa y éxitos profesionales.
Humanizarnos es responsabilizarnos de nuestra sombra, es amar nuestra ternura, es maternarnos y darnos espacio.
Hombres sin emociones y mujeres desbordadas por la gestión emocional en familia y pareja.
Hombres valorados por ser proveedores y mujeres por ser cuidadoras. Roles de género esclavistas y arcaicos.

Las mujeres o estamos al servicio de los cuidados o somos objetos sexuales, así es como le rentamos económicamente a esta sociedad capitalista para llenar las arcas.
Y en esta sociedad patriarcal, especialmente si eres mujer, es revolucionario amarse, respetarse y admirarse a partir de los 40.

Todo esto es una neurosis inmensa pero lo que es aún más loco, es que esta sociedad invisibiliza la dependencia. Y esto nos lleva a tres temas importantes: la sobrecarga silenciosa, la crisis de cuidados y la maternidad neoliberal.

La sobrecarga silenciosa y los roles de género

La sobrecarga silenciosa de las mujeres es estar siempre alerta y “tenerlo todo en la cabeza”. Estar a cargo de organizar y coordinar los cuidados (además de realizarlos) implica que nunca podamos desconectar. ¡Que no haya descanso!
Como describe Caitlin Moran, esa lista interminable de tareas, que cuando tachas una aparecen tres más.

Necesitamos romper los roles de proveedor y cuidadora como justicia de género y a la vez revalorizar los cuidados en sí mismos, la maternidad y la crianza. Y así estos cuidados tendrán la importancia que merecen y estructuraran nuestra sociedad, reduciendo las jornadas laborales, reforzando y ampliando los servicios públicos, apostando por permisos de maternidad, mínimo hasta cubrir la lactancia materna a demanda, y bien remunerados. Organizando la vida pública en torno a los cuidados. Porque estos son responsabilidad de todas y todos junto con una imprescindible implicación del Estado. Es decir, organizar la vida en torno a las necesidades de las personas (estado del bienestar) y no en torno al dinero (estado del capital). Sin embargo la maternidad sigue incomodando y se mantiene oculta en el hogar en lugar de situarla en el corazón de la sociedad.

El otro día me contaba una paciente, muy indignada, como sus amigas criticaban en un restaurante el llanto de un bebé. Les molestaba.
Y ella internamente empezó a enfurecer; me decía: “al principio no sabía porqué pero me sentía más cercana a esa madre que a mi amigas con las que estaba comiendo. Luego pude ir entendiendo que como madre me había sentido tan sola, tan culpable, tan avergonzada… que me levanté y le dije a esta mujer desbordada con una cara de no poder más, ¿te puedo ayudar?”
Me parece imprescindible esta empatía, tanto si has vivido el maltrato patriarcal hacia la maternidad como si no.
En esta vida adultocéntrica este ejemplo es común, así que menos juicios y más amor y corresponsabilidad.

La crisis de los cuidados

El trabajo de los cuidados es invisible porque interesa invisibilizarlo. Y así el capitalismo se favorecerá de mano de obra barata o incluso de esclavas por amor, es decir, por sumisión y manipulación. La economía reproductiva sostiene el mercado y permite la acumulación de riqueza.

La huelga de cuidados del 8M de 2022 puso encima de la mesa esta crisis de cuidados, esta sobrecarga sin coste económico en las espaldas de las mujeres.
Si mostráramos la labor de la madres y de las cuidadoras y lo cuantificáramos de manera remunerada, en 2012 ya era el 53% del PIB.
Podéis saber más sobre la economía reproductiva, la desigualdad laboral, los cuidados y el “cuidatoriado” en la segunda parte de este artículo que escribí en 2023 justo sobre este tema: https://marapsicologiayarte.es/reflexiones-compartidas-sobre-feminismos/

Con la incorporación de la mujer al mercado laboral se da una paradoja en lo que a los cuidados se refiere, puesto que el trabajo de cuidados recae en mujeres inmigrantes con sueldos mal pagados, que a su vez dejan a sus hijos (principalmente en América Latina o Filipinas) para cuidar los/as hijas de las europeas. Es un proceso con evidente sesgo de clase y etnia.
Y como decía Carolina Elías, presidenta de SEDOAC en el EIF del Ministerio de Igualdad de 2023 “Mi trabajo es importante y tengo derecho a tener derechos” y 76 millones de personas, dedicadas a los cuidados y al hogar, tienen ese mismo derecho.

Pero como bien sabemos, y no por ello vamos a dejar de recordarlo, puesto que esta es la esencia por la que comencé a escribir este artículo, es un sesgo principalmente de género. Los medidores de las horas empleadas en el hogar y en los cuidados en 2023, contemplan 250 minutos invertidos de las mujeres mientras que los hombres, en ese mismo año, habían subido de 40 a 51 minutos.
Y esta es una realidad que nos abruma especialmente a las madres. Cuidar nos aplasta.
La relación de los cuidados es desigual, sigue recayendo sobre nosotras una lista igual de silenciosa que interminable de tareas a realizar, en el día, en la semana… a más corto o largo plazo para sostener el sistema familiar y el hogar. Sigue recayendo sobre nosotras la atención emocional: ¿cómo estás?, ¿qué tal tu día? ¿cómo te fue con este tema?, felicidades, toma este regalo… Sigue recayendo sobre nosotras la previsión de comidas y por tanto de lista de la compra para la semana. La necesidad de ropa para la semana de nuestras hijas/os y por tanto la organización de lavadoras…
Hacer es cansado pero lo es mucho más la carga mental, recordar que es lo que hay que hacer, vivir eternamente en una estrategia de planificación. Siempre ocupa lugar en nuestra cabeza, desgasta nuestro sistema nervioso y empeora nuestra salud física y mental.
Desde muy joven siempre pensé que las madres eran idóneas para los presupuestos de estado de cada país… nadie mejor que la madres para la organización y para la economía, por supuesto, con lo que demandamos y pedimos: ¡los cuidados en el centro!

Y para poder descargarnos nosotras, sin duda tenemos que seguir atreviéndonos a soltar, a dejarlo sin hacer, a que falte… pero ojo señores! que ustedes tienen que coger, atreverse a dar un paso al frente. Hacerse verdaderamente corresponsables de la crianza, del cuidado, de la nueva estructuración social, de ser compañeros de manera horizontal, soltando privilegios, humanizándose y acogiendo la vulnerabilidad propia y ajena. ¡Abrirse a la ternura!
¡Y ser honestos! No se pongan a la defensiva. Hacen menos, cuidan menos, no es equitativo, por tanto reconocimiento y cambio!

Las mujeres necesitamos aprender de la legitimidad que dan los hombres a sus necesidades por encima de las de sus criaturas. Con el agravio de que consideran secundarias las de la madre, que es la que debe dar prioridad a sus hijes sí o sí. Y nosotras, las madres, tendemos a esto y si no aparece la culpa cristina-capitalista para aplastarnos, incluso a las más rebeldes y feministas. ¡Pues sí! Las madres tenemos necesidades y derechos, lo sabemos, ahora toca la legitimidad gustosa y el amor propio!

Si culturalmente a las mujeres nos han enseñado, silenciosamente, a cuidar y a sostener, hagamos explícito e intersex este aprendizaje, que todas, todos y todes seamos responsables de la necesidad, de los cuidados, del bienestar y de atender la vulnerabilidad y la dependencia.
Y es más, hagámoslo teniendo en cuenta que esto es un trabajo. Que requiere sueldos y que requiere permisos de maternidad y paternidad bien remunerados. Que estamos a la cola de Europa con la baja de maternidad retribuida más corta y encima el Gobierno prefiere pagar la multa que ampliar las ochos semanas remuneradas correspondientes para llegar a las 22. Por tanto, hoy en día poder cuidar de tus criaturas o es un privilegio o es una renuncia total.

La maternidad neoliberal y el baile con el feminismo

El feminismo menosprecia lo que sucede dentro del hogar cuando identifica libertad e igualdad con trabajo asalariado. Es por ello que se ha defendido una posición neoliberal supeditando el cuidado, la maternidad y la vida en sí, al mercado laboral. Como dice Esther Vivas son las amistades peligrosas entre el feminismo y el capitalismo.
Feministas liberales y socialdemócratas, como herramienta principal de empoderamiento y emancipación, insisten en la importancia del acceso al mercado laboral y la promoción profesional de las mujeres y de las madres. Y ante esta perspectiva nos quedamos sin defensas, sin narrativas y referentes que nos sostengan, sin sororidad, nos quedamos solas y vacías para apostar por la crianza y los cuidados.

Por tanto llegamos a la necesidad de construir un modelo que coloque los cuidados en el centro. Una sociedad que los valore y se haga responsable de ellos, no a cargo de las mujeres sino a cargo de todas las personas. Y además con una imprescindible y necesaria implicación del Estado.
Necesitamos atravesar la idea de que el cuidado es un “tema de mujeres” y dejar de menospreciar la fragilidad. Porque la vulnerabilidad que implica ser dependientes es inherente a la condición humana.

A lo largo de la historia, el patriarcado, apoyado por el capitalismo, ha dominado a la mujer a través de relegarla al ámbito doméstico, privado e invisible.
La segunda ola del feminismo, en los 60-70 rompe este modelo conservador. La emancipación pasa por incorporarse al mercado laboral y salir del hogar.
Simone de Beauvoir nos habla de la construcción de género, construida la mujer como alteridad de los hombres.
No es por tanto la biología lo que nos ata, sino el patriarcado que nos explota. Pero en esa época fue necesario un desahogo donde se sitúa al feto como explotador que posee el cuerpo de la mujer. Con la necesidad de mostrar la maternidad desde ahí y no solo la perfección de las mujeres estadounidenses de los años 50, abnegadas madres y serviciales esposas, como denuncia Friedman en La mística de la feminidad. Ella, como feminista liberal, reivindica el derecho a competir laboralmente en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres, sin tener que renunciar a la maternidad ni al matrimonio, exigiendo permisos para el embarazo, parto y jardines de infancia con personal cualificado para la crianza.

En 1949, Beauvoir ya decía que una sociedad debidamente organizada, que ayudara a la madre con la criatura permitiría la conciliación con el trabajo profesional de las mujeres. Sin embargo 76 años después la conciliación sigue siendo una utopía.

Y ya sabemos hoy en día, que querer abarcarlo todo ha sido el gran engaño y que nos conduce al infarto psíquico, a vivir aplastadas y asfixiadas, con culpa, sin tiempo y hasta arriba de fluoxetina para seguir siéndole rentable al capitalismo.

En el feminismo de los años 70, Kate Millet hablaba de la maternidad como un yugo y Firestone abogaba por dejar la reproducción en manos de la tecnología para que no hubiera beneficio de ambos sexos a cambio de llevar el total peso uno de ellos. Marge Piercy desarrolla esta idea donde el sexo femenino y masculino habrían desaparecido en una sociedad futurista con reproducción asistida y con la idea interesante de crianza comunal frente a la familia nuclear.

Sin embargo, una vez rechazada la maternidad como destino, las feministas pudieron ir construyendo puentes. Para Adrienne Rich, no es tanto un problema de la maternidad como la construcción restrictiva e impuesta que hace el patriarcado de ella. Para ella el cuerpo reproductor femenino no es un lastre para la emancipación sino un recurso.
Dinnerstein defendía el reparto igualitario del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres. Y mantenía que esta implicación en la crianza aboliría el modelo patriarcal de la masculinidad.
Por eso hoy en día consideramos imprescindible tener referentes masculinos cuidando, aún la gran mayoría son modelos de mujeres maternando.

La figura materna, tiene la función de maternar, y aunque algunos asentamientos son biológicos (restringidos a la mujer), bien puede maternar un hombre o una mujer. Se necesita sentar las bases para un nuevo modelo de familia, más equitativa, más respetuosa con los cuidados y liberando a la mujer de la maternidad patriarcal que la esclaviza.
Ya hablaba Ruddick de la ética del cuidado y de que la maternidad podía ser desarrollada tanto por hombres como por mujeres.
Por tanto, no se trata de renegar de ser madres para ser libres sino de las condiciones que nos impone el patriarcado para serlo.
El reto feminista es destruir la construcción patriarcal para liberar la maternidad y construirla según nuestras experiencias subjetivas, en red, en comunidad, sin prisiones de género, con los cuidados en el centro, con modelos sostenibles y amables y con apoyo institucional y público.

¿Es posible el feminismo y la crianza con apego?

Siempre es mejor resultado para el Estado y el patriarcado una lucha entre corrientes que no una mirada unida y crítica hacía el. Es decir, se alimenta la guerra entre las opciones de maternidad en lugar de apostar por crianza en libertad y amparadas por el Estado del Bienestar.

Una parte del feminismo se asusta de la crianza con apego, puesto que podría poner en jaque mate la emancipación de la mujer y la independencia económica que tanta batalla ha requerido. Y tilda a la crianza natural de estrategia para devolver a la mujer al hogar, a la maternidad, a la familia y a los cuidados. Sacando de nuevo a la mujer del mercado laboral y de los espacios públicos. Y haciéndola dependiente del trabajo de su pareja, como proclaman Elisabeth Badinter, llegando a tacharlo de una nueva forma de esclavitud. O Beatriz Gimeno, que habla de “un repliegue identitario” de la mujer hacía la familia y los cuidados para regresar a ocupar espacios tradicionales debido a una precarización del mercado laboral.
En contraposición, el planteamiento de los modelos de crianza no naturales están ajustados al mercado laboral, haciendo dependiente a la maternidad de este. ¿Esto conlleva más libertad que el hecho de maternar con apego?

Cuando hablamos de maternar de manera natural o con apego, nos referimos a la lactancia a demanda, lo cual mantiene a la mujer cerca de sus crías. Y más tiempo aún si se decide una lactancia prolongada, muy central en este modelo, ya que según la OMS se recomienda la lactancia materna hasta los 4 años.
Además se prima otras posturas como el colecho, el porteo y los brazos, la atención del bebé cuando llora y se origina con un vínculo inmediato madre-criatura al nacer.
Disculpadme por este resumen sencillo de un profundo estilo de crianza, pero se me haría larguísimo el artículo si entrara a las explicaciones que merece.
Estas ideas parten del matrimonio Sears, ambas pediatras y basadas en la Teoría del Apego Seguro de Bowlby.

Cierto es, que la teoría de este matrimonio se asienta en un momento conservador y familiarista, en un momento socioeconómico concreto, no pudiendo aplicarse a contextos socio-económicamente empobrecidos. Y con un sesgo de clase. No tanto de raza o etnia, puesto que más allá de la hegemonía blanca de Europa y EE.UU, los modelos comunitarios de apego son comunes en otras culturas, tales como la gitana, las comunidades originarias o de manera generalizada en África, India… donde se cría en tribu.

Esto nos conduce al asunto controvertido de la maternidad como elección libre.

¿Se elige ser madre?

¿De verdad, es libre esta elección o de nuevo viene condicionada por el contexto cultural, social, político y económico en los que la mujer se haya?
Para mi, claramente, la segunda opción.
Que yo haya tenido una criatura a mis 39 años no es una opción libre, por muy emancipada y empoderada que pueda parecer como feminista, europea y profesional.
Los valores de mi contexto sociocultural me han impulsado a darle valor a otras elecciones, tales como disfrutar de mí, de mi pareja, de mi sexualidad, de viajar y conocer mundo, de mis amistades, de mi militancia, de mi tiempo libre. De sentir que ser dueña de él me hacía verdaderamente libre. Y especialmente de darle mucho valor a mi desarrollo profesional, de disfrutar con mi carrera y mis muchas formaciones posteriores, de amar mi trabajo, de crear un centro de trabajo con unos valores diferentes, de ser oveja negra en muchos aspectos para llegar ahora a un oasis laboral disfrutón y profesional.
Y poner la atención, el tiempo, la energía y la disposición en eso es lo que mi contexto ha valorado como óptimo. Considerando que se es más feminista y más emancipada con todo esto. Pero además, ¿quien se plantea ser madre sin un buen asiento económico? Y en la economía actual de trabajos precarios es totalmente imposible tener hijos a los 30.

Y se amplio mi consciencia de mi falta de libertad cuando, viajando por Chiapas, un mes antes de quedarme embarazada, observaba a las mujeres-mamás. Para mi eran niñas, que con sus 20 años máximo ya tenían 4 hijos e hijas. Culturalmente era lo que “les tocaba” y sentí entonces que culturalmente era lo que “me tocaba”. Que ninguna de nosotras había sido libre para elegir, para revelarnos con un contexto opresor, muy evidente en una situación y muy sibilino y manipulador en la otra.

Comparto esto para resaltar que somos madres cuándo podemos y cómo podemos. Que el patriarcado y el capitalismo han construido una maternidad para dejarnos silenciadas dentro del hogar, atadas a los cuidados. Y que si nos imaginamos y nos deseamos libres, hemos tenido que hacerlo renunciando a la maternidad o postergándola. Pero aceptar la maternidad patriarcal como única posibilidad es renunciar a incluir el feminismo dentro de la maternidad, es decir, hacer una construcción subjetiva de la maternidad. Ahora mismo nos hallamos huérfanas de referentes y discurso.

¿Como hacer una maternidad que ponga en el centro los cuidados desde una mirada feminista y emancipadora?

Parto de la base de respetar a las madres por encima de todo. Cada una elige, como hemos visto, dentro de sus posibilidades, su forma de criar. Y por tanto es un momento en el que el concepto de maternidad patriarcal se halla en crisis. Y andamos buscando como construir una maternidad feminista.

Esta crisis se manifiesta en la diversidad y respeto pero también en la cantidad de mujeres que no pueden quedarse embarazadas o el aplazamiento y la renuncia forzada. O incluso en el sobreesfuerzo y los malabares para poder conciliar la vida personal, profesional y la crianza. Esta maternidad está llena de tensiones con respecto al proyecto vital, sin poder tener el número de criaturas que se quisiera o llena de culpa. Esa maldita culpa que nace del señalamiento externo pero, por desgracia y patriarcado, se nutre del cuestionamiento y machaque interno por no llegar a todo.

¿Que es entonces una maternidad feminista?
Una que prime la corresponsabilidad y no la culpa materna.
Una que resignifique los cuidados.
Es urgente politizar la maternidad en sentido emancipador. Para reconocer su papel fundamental en la reproducción social y darle el valor y el acompañamiento que requiere.
Arrebatarle al patriarcado la maternidad consiste en decidir nosotras como queremos vivir esta experiencia.
En la actualidad el reto feminista, con respecto a la maternidad, es vernos como sujetos independientes que tienen necesidades propias y no objetos-persona abnegadas a las necesidades de la criatura desde la mirada patriarcal.
El bienestar de una madre es por ende el bienestar de la criatura, que podría bien ser uno de los pilares de esta nueva forma de construir la maternidad emancipadora.

Pero no es una cuestión individual, ni siquiera del colectivo de madres. Es una cuestión amplia que requiere organización familiar y social no patriarcal para sostener la crianza, crear contra-narrativas que rompan el status quo de los roles de género tradicionales. Es desdibujar el género en la figura materna.

Tomar conciencia de cómo el hecho de gestar, parir, amamantar y criar ha quedado relegado a los márgenes y silenciado en el hogar pese a ser vital para la supervivencia.
Como dice Adriene Rich “una maternidad fuera de la ley y de la institución patriarcal”. Y como aclara Esther Vivas “una mamá feminista es una mamá desobediente, insumisa, rebelde, una mamá que no es objeto pasivo y que se rebela tanto contra la maternidad patriarcal como contra la maternidad neoliberal. Esto implica una confrontación constante con las normas sociales establecidas pero no una renuncia a vivir la experiencia de ser madre”.

Sin embargo esto hace especialmente cansada la maternidad.
Criar es cansado pero hacerlo de la manera patriarcal y a la vez guerreando contra ello es más cansado aún, por eso requiere de un sostén familiar, comunitario y social (público!) para no morir en el intento. Y que la maternidad no esté llena de epitafios que dictan “aquí yace otra madre feminista muerta por agotamiento y culpa”. ¡Necesitamos un cambio de paradigma en los cuidados con urgencia!

 

¿Cómo pasar de un modelo individual de crianza a un modelo social con una práctica igualitaria teniendo en cuenta género, etnia y clase?

Para mi la clave sería un sistema que garantice el desecho al cuidado, puesto que como especie somos vulnerables.
La maternidad es incómoda porque se empeña en mostrar nuestra animalidad.

Y además requiere cuidar a las madres, que nada de esto aparece en las teorías del apego. Implica OTRA FORMA DE CUIDAR y para ello replantearnos un nuevo modelo social que cuestione cómo nos relacionamos, el mercado laboral, las políticas públicas y las redes comunitarias.
¡Cuidar a las madres! ¡Cuidar a las madres! Saborear estas palabras… regocijarnos en el imaginario colectivo de tal deseo, de tan enorme como negada necesidad.
Que revolucionario esto, siendo a la vez tan cotidiano y sencillo.

Quizá nos toca ir incorporando referentes “a trozos” hasta construir una nueva figura maternal referente de este cambio social en los cuidados. Por ejemplo, poder aprender de las Comunidades Originarias o sin ir más lejos, de las gitanas, para la crianza en tribu.
Del feminismo emancipador para revolucionar el mercado laboral y reventar el neoliberalismo.
De la sanidad pública del norte de Europa para arropar la maternidad desde la salud y la corresponsabilidad social de la crianza.
Y comenzar a reconocer la labor de las madres, a resignificar y revalorizar sus cuidados.
El reconocimiento social y el agradecimiento son pilares fundamentales.
Y poder acompañar con amor y respeto los procesos de crianza: los miedos, la soledad, la falta de red en esta sociedad individualista, la exigencia y la culpa, las depresiones silenciadas por el aislamiento y la sobrecarga, la lactancia: que ni es solamente placentera ni es tan fácil…
Sanar a la madre porque merecemos una maternidad disfrutona, gozosa, divertida y sana!!
Cuidar a las madres es hacernos personas corresponsables socialmente.
Las mujeres enfocamos los cuidados hacía fuera ¿y si nos maternamos como revolución?
Es el momento de salir de los márgenes, de reivindicar los cuidados en el centro, de todas, todos y todes para la humanidad.

Autora: Lorena Polo

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